Como Dios es amor, la lección más importante que quiere que aprendamos en esta tierra es cómo amar. El amor es el fundamento de todos los mandamientos que nos ha dado, porque cuando amamos, más semejantes somos a él: «Porque la ley se resume en este mandamiento: "Amarás a tu projimo como a ti mismo"».
Aprender a amar desinteresadamente no es una tarea sencilla. Es contraria a nuestra naturaleza egocéntrica. Por eso contamos con toda una vida para aprender a amar. Por supuesto, Dios quiere que amemos a todos, pero está particularmente interesado en que aprendamos a amar a los miembros de su familia. Como ya hemos visto, este es el segundo propósito para tu vida. Pedro nos dice «debemos mostrar un amor especial por el pueblo de Dios». Pablo hace eco de este sentimiento: «Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe».
¿Por qué insiste Dios en que demos un amor especial y prestemos atención a otros creyentes? ¿Por qué ellos tienen prioridad en el amor? Porque Dios quiere que su familia sea fundamentalmente conocida por el amor que manifiesten entre si. Jesús dijo que el amor de los unos a los otros, y no nuestras creencias doctrinales, seria nuestro mayor testimonio al mundo. Dijo: «De este modo todos sabrán que son mis discipulos, si se aman los unos a los otros».
En el cielo disfrutaremos de la familia de Dios para siempre, pero primero tenemos que realizar un trabajo dificil en la tierra, como preparación para una eternidad de amor. Dios nos entrena dándonos «responsabilidades familiares» y la principal es que practiquemos amarnos unos a otros.
Él quiere que tengas una comunión estrecha y regular con otros creyentes para desarrollar la práctica del amor. El amor no puede aprenderse en aislamiento. Necesitas estar rodeado de personas: insoportables, imperfectas y molestas. Gracias a la comunión podemos aprender tres verdades importantes.
El mejor uso de la vida es amar
El amor debe ser tu prioridad, tu objetivo y tu amyor ambición. El amor no es una buena parte de tu vida; es la parte más importante. La palabra de Dios declara: «¡Que el amor sea para ustedes la más alta meta!»
No basta con decir: «Una de las cosas que quiero en esta vida es amar», como si el amor fuera uno de los diez objetivos principales que tenemos. La relaciones tienen prioridad sobre todo lo demás. ¿Por qué?
La vida sin amor no tiene sentido. Pablo dice: «No importa lo que diga, lo que crea o lo que haga, sin amor estoy en quiebra».
En ocaciones nos conducimos como si las relaciones fueran algo que conseguimos introducir en nuestros planes. Hablamos de hallar tiempo para nuestros hijos o de hacer tiempo para las personas en nuestra vida. Damos la impresión de que las relaciones son apenas una parte de nuestra vida, junto con tantas otras ocupaciones. Pero Dios dice que lo esencial de la vida consiste en nuestras relaciones con los demás.
Cuatro de los Diez Mandamientos se refieren a nuestra relación con Dios, mientras que los seis restantes tratan de nuestra relación con las personas. Pero ¡los diez tienen que ver con relaciones! Posteriormente, Jesús resumió lo que más le importa a Dios en dos afirmaciones: amar a Dios y amar a los demás. Dijo: «"Ama al Señor tu Dios con todo su corazón..." Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas».
Después de aprender a amar a Dios, que es la adoración, aprender a amar a los demás deberia ser el segundo propósito de la vida.
Lo que más importa en mi existencia son las relaciones y no los logros o la adquisición de bienes. Entonces, ¿por qué le prestamos tan poca atención a las relaciones? Cuando estamos muy ocupados, afectamos el tiempo que dedicamos a las relaciones, quitándoles la energia y atención necesarias. Lo urgente desplaza lo más importante para Dios.
La ocupación en múltiples actividades compite con las relaciones. Nos preocupamos en ganarnos la vida, en relaizar nuestro trabajo, en pagar las cuentas y en lograr metas, como si vivir consistiera en cumplir esas tareas. No es asi. El sentido de la vida es aprender a amar: a Dios y a las personas. El resultado de la resta «vida menos amor» es cero.
1Corintios 13:3 No importa lo que diga, lo que crea o lo que haga,
sin amor estoy en quiebra.
2Juan 1:6 Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oido desde el principio.
Fuente: «Una vida con propósito» de Rick Warren.







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